"Me cruzaba con él cada día al volver de estudiar, cada mediodía le miraba, yo sonría, él sonría. No habia palabras, sólo miradas y sonrisas. Yo pensaba si algún día sería capaz de decirle que estaba enamorada de él desde la primera mirada que cruzamos"
Cada día, en la misma cuesta vacía de siempre, cada uno en una acera. A veces él cruzaba para poder estás más cerca de ella, otras veces era la chica quien lo hacía. Ambos se deseaban, se morían de ganas de descubrir sus nombres y besarse, ambos se morían de ganas de ser ellos quien cuidara el uno del otro y se abrazara en una tarde lluviosa viendo una película y comiendo palomitas en el sofá; ellos querían jugar juntos a viedeojuegos y pelearse en la cama.
Las oportunidades se presentan de repente, hay que saber atraparlas sin temor, sin miedo a perder, con la esperanza de que todo saldrá como se tiene previsto. Aquel día llovía, pero era una lluvia que parecía ácido, una lluvia fría y fuerte, con un viento sobrehumano. Ella, diminuta, se resguardaba bajo su paraguas granate, unos pasos apresurados sonaban detrás de ella, era él, corriendo, empapándose, sin paraguas.
"Me armé de valor, crucé la acera corriendo y grité '¡Eh, rápido, métete!', él se giró extrañado pero me hizo caso, se metió bajo mi paraguas, me abrazó y me dijo 'Pensé que jamás podría estar cerca de ti, no sé como has conseguido que me vuelva loco por ti, por la chica que me cruzo cada día en la misma cuesta a la misma hora, no sé como has conseguido que te quiera sin haber oído antes tu voz'. No supe como reaccionar, miles de gesticulaciones transcurrieron por mi cara, no sabía qué decir, así que le besé".
Cada día, en la misma cuesta vacía de siempre, cada uno en una acera. A veces él cruzaba para poder estás más cerca de ella, otras veces era la chica quien lo hacía. Ambos se deseaban, se morían de ganas de descubrir sus nombres y besarse, ambos se morían de ganas de ser ellos quien cuidara el uno del otro y se abrazara en una tarde lluviosa viendo una película y comiendo palomitas en el sofá; ellos querían jugar juntos a viedeojuegos y pelearse en la cama.
Las oportunidades se presentan de repente, hay que saber atraparlas sin temor, sin miedo a perder, con la esperanza de que todo saldrá como se tiene previsto. Aquel día llovía, pero era una lluvia que parecía ácido, una lluvia fría y fuerte, con un viento sobrehumano. Ella, diminuta, se resguardaba bajo su paraguas granate, unos pasos apresurados sonaban detrás de ella, era él, corriendo, empapándose, sin paraguas.
"Me armé de valor, crucé la acera corriendo y grité '¡Eh, rápido, métete!', él se giró extrañado pero me hizo caso, se metió bajo mi paraguas, me abrazó y me dijo 'Pensé que jamás podría estar cerca de ti, no sé como has conseguido que me vuelva loco por ti, por la chica que me cruzo cada día en la misma cuesta a la misma hora, no sé como has conseguido que te quiera sin haber oído antes tu voz'. No supe como reaccionar, miles de gesticulaciones transcurrieron por mi cara, no sabía qué decir, así que le besé".
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