Cien entradas, con esta, que empecé a soltar mierda por la boca.
Cien entradas, con esta, que decidí enseñarle al mundo lo que en mi cabeza se llaman pensamientos.
Cien entradas, con esta, que la gente empezó a leerme.
Y aquí estoy, con un qwerty bajo mis dedos, una pantalla que ilumina mis más profundos deseos, una lágrima y una sonrisa, tal vez.
¿Y los sueños ahogados? ¿Dónde se ahogan esos sueños? Quizá exista un mar, en algún lado, donde se ahoguen todos nuestros sueños frustrados; donde se suiciden y nos abandonen para siempre, o se queden, tal vez, en fantasma, para que podamos arrepentirnos y luchar por ellos. ¿Dónde estará ese lugar? ¿Dónde podré rescatar todas esas cosas que creí se harían realidad? No existen.
Cien entradas, con esta, que decidí enseñarle al mundo lo que en mi cabeza se llaman pensamientos.
Cien entradas, con esta, que la gente empezó a leerme.
Y aquí estoy, con un qwerty bajo mis dedos, una pantalla que ilumina mis más profundos deseos, una lágrima y una sonrisa, tal vez.
¿Y los sueños ahogados? ¿Dónde se ahogan esos sueños? Quizá exista un mar, en algún lado, donde se ahoguen todos nuestros sueños frustrados; donde se suiciden y nos abandonen para siempre, o se queden, tal vez, en fantasma, para que podamos arrepentirnos y luchar por ellos. ¿Dónde estará ese lugar? ¿Dónde podré rescatar todas esas cosas que creí se harían realidad? No existen.
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