/ Pruébalo: Otoños de la mano.

22 ago 2013

Otoños de la mano.

Paso a paso, te conozco. Paso a paso, te recuerdo. Paso a paso, profundizo. Paso a paso, estás conmigo.
Nunca tan psicópata ha sonado que recuerde esa fecha del pasado, nunca tan posesa y obsesiva que memorice cada curva en tu sonrisa.

Como un pequeño destello de sol entre las frías ramas del árbol en la lluviosa ciudad, como un susurro de buenas noches al oído cuando te estás durmiendo, como un copo de nieve deshaciéndose entre los dedos de un pequeño con ganas de saborear un invierno blanco.

Llegas. Llegas cuando todo está hecho un desastre, cuando mi vida es un kaos de problemas sin solución. Llegas cuando estoy a punto de rendirme y dejar todo de lado, llegas como un caramelo a un niño a punto de estallar en aullidos de sufrimiento por la golosina que ha perdido.

La nieve cae despacio, derritiéndose con suavidad en cuanto entra en contacto con el caliente cuerpo. No recordaba qué era confiar en alguien de esa manera, no recordaba que podía querer tanto a alguien, no.
¿Y si nunca puedo abrazarte? ¿Y si nunca puedo escucharte hablarme mientras me miras a los ojos? Y si nunca puedo agarrar tu cuello y sollozar porque te he echado de menos? ¿Y si nunca puedo escuchar tu risa paralela a la mía?

El miedo recorre mis venas, las recorre y las enfría, hasta dejarlas tiesas, congeladas. ¿Y si te pierdo? No hay peor sensación que creer que puedes perder a alguien, ¿o sí? Quizá sea aun peor que sea una persona en la que confías de verdad, por la que lo darías todo, a la que regalarías el resto de tus primaveras con tal de tener siempre su sonrisa al lado de la tuya.

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