Gotas de lluvia tras la ventana golpean la acera sin cesar. Fuertes rachas de viento agitan las ramas de los árboles para intentar mecerse entre ellas sin conseguir otra cosa que la pérdida de las castañas y resecas hojas otoñales. Y yo en casa, metida dentro de mi habitación, sintiendo el calor de la estufa y la manta sobre mis piernas. Sintiendo la fría humedad de una lágrima. Una lágrima que hacía mucho que no sentía. La lágrima de la inocencia, de la humildad, de la derrota, del abandono.
Echo de menos soñar despierta que tus labios rozan los míos, ahora que soy consciente de que tú nunca sentirás nada por mí ese juego se ha acabado. Me has jodido la imaginación. Pero has despertado mi madurez.
Att: Morales. I.
P.D.: A quien más quiero, es a mí.

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