Hoy me he levantado con un dolor de cabeza flipante. No es que siga enferma, es que tengo un batiburrillo en la cabeza que no me deja pensar con claridad. No sé si es uno o es dos, si es A o es B, si es blanco o es negro, si es hembra o es macho, si es vida o es muerte. No sé que coño es.
Pero aun así, me siento bien. Tengo claro que no voy a perder el tiempo en cosas inútiles como lo es pensar. Si me tengo que aclarar, lo haré en uno, dos, tres o cuatro días. Como si son meses o años, me da igual, algún día lo haré y sé que no habré desperdiciado mi tiempo en pensar, sino que lo habré empleado actuando para acelerar esa decisión.
Pero aun así, me siento bien. Tengo claro que no voy a perder el tiempo en cosas inútiles como lo es pensar. Si me tengo que aclarar, lo haré en uno, dos, tres o cuatro días. Como si son meses o años, me da igual, algún día lo haré y sé que no habré desperdiciado mi tiempo en pensar, sino que lo habré empleado actuando para acelerar esa decisión.
Necesito que digas o hagas algo que me haga descartarte de mi vida.
Pero también me sirve que hagas o digas algo que te haga parecer tan increíble que provoque que descarte al otro.
No son segundos platos, son dos primeros impresionantes. Uno a cincuenta metros, otro a quinientos quilómetros.
Es complicado entenderlo, es complicado entenderme, pero es pura pasión desenfrenada y auténtica sinceridad. Les quiero. A los dos.


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