Quería acostumbrarme a vivir despacio, a contar hasta diez por cada respuesta, a reflexionar cada acto. Pero apareciste tú.
Apareciste y noté que me quería comer el mundo, que no quería pensarme los actos ni las respuestas, porque tenía claro lo que quería hacer, tenía claro que quería besarte y rozar tu piel a cada segundo que pasaba, constantemente.
-Pero ahora tengo claro que no te quiero, te deseo.
-Pero ahora tengo claro que no te quiero, te deseo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
!