La luz temblorosa de una vela a punto de finalizar la vida de su llama en una habitación habitada por pequeños hilos de miedo de araña, los gritos de una niña de ojos del color de la desesperación de quien se ahoga en un mar de serpientes venenosas, un mínimo rayo de luz que entra por una ventana de cristales arañados por la lujuria, atravesando también una persiana negra de humedad por una lluvia de amores rotos, provocando el efecto de la 'caja negra' en la pared mugrienta de sueños estrellados de quien, algún día, muchos años, atrás había habitado allí; en lo que ahora son las ruinas polvorientas de una casa de balcones floridos con besos de estrellas en vez flores y la risa de la luna por banda sonora.
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