A principios del otoño de 1941, en la capital del estado alemán, un pequeño niño de unos siete años y con una estrella de seis puntas colgada de su pecho llegó a casa. A la llamada de “Mamá” que emitió el niño sólo se escucharon gritos. El pequeño, asustado, acudió a la cocina de inmediato y al ver a su madre con ojos de cortar cebolla y a su padre con la cara que había puesto cuando su abuelo murió, se temió lo peor.
- ¿Qué pasa, mami?
- Haz la maleta, pequeño, vamos a explorar mundo. – Mintió su madre.
- Eso es bueno, ¿por qué lloras entonces? - inquirió el pequeño con sabiduría.
- Tu padre ha de quedarse trabajando aquí, hijo. - Volvió a mentir.
Sigue así, siempre.
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