"Coge aire", decían. Coge aire y suéltalo poco a poco. Deja que irrumpa en tus pensamientos y te despiste dos segundos, pero no más; permítele seducir lo que hay más allá de tus ojos, permítele seducir a tu mirada y cada una de las delicadas y dolorosas imágenes que has podido llegar a observar. Deja que transite todos los recuerdos de olores que tengas, desde la vainilla más dulce hasta el aroma a playa más salada. Y tus labios, tu boca... Esos labios que se mueven acordes con la más bella sinfonía que Bethoven pudiera haber escrito jamás, esos labios que ocultas con un carmín de marca barata como si trataras de ocultar tu identidad.
Permite a ese aire que recorra tu cuello como si de besos y caricias se trataran; "no te preocupes, no deja marca". Déjale llegar a donde yo nunca he llegado, déjale entrar en tu corazón; saber qué sientes, por qué tipo de cosas te aceleras y qué te tranquiliza, déjale saber qué pasa cuando te tocan y miran, cuando te pegan y odian; déjale saber todo lo que yo no tuve tiempo de saber.
Déjale, que total, sólo es aire que se se ha colado con otro aire mientras respirabas. Lo peor que te puede pasar, es que te enamores.

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