Querido amigo:
P.D.: Besa a la muerte de mi parte.
La conocí una noche en la que el alcohol me manejaba. La conocí sentada en un escalón humedecido de un portal con apariencia de descuidado. Ella lloraba, sus ojos gritaban mientras ella callaba. Ella era callada. Yo también lloraba aquella noche, y en aquel momento. La vi y no pude evitar acercarme, pero sólo la miré; no crucé palabra con ella y tampoco la toqué.
Recuerdo que antes de conocerla yo solía emborracharme constantemente, sin pensar en nada ni nadie, sin imaginarme las consecuencias. Recordar... Qué bonita palabra y qué malos tragos me ha hecho pasar a mí. ¿No es acaso recordar lo más difícil que podemos hacer? Elegir qué recuerdos se quedarán y cuales harán la maleta y no volverán jamás. Hay veces que yo no consigo elegir, y se van todos. Me dejan absolutamente sola y desprotegida; tiritando, desnuda y avergonzada. A veces me enfado con mis amigos porque ellos dicen que el alcohol tiene la culpa, y yo les digo que eso puede pasarle a cualquiera. Es injusto que él se lleve toda la culpa cuando sólo él ha entendido que llore y ría al mismo tiempo.
Recuerdo cuando la conocí, sí. Ese recuerdo lo he archivado bien porque jamás quiero olvidarlo. Yo me acerqué y la vi, preciosa y con los ojos tan profundos como un volcán en erupción. Ella era insinuante, dulce y realmente apetecía besarla; pero me resistí, ese no era el momento adecuado. Aún no entiendo como fui capaz de soportar esa atracción.
Sólo una cosa más que contarte, amigo mío: Recuerdo que su nombre me dejó engatusada, ella se hacía llamar Coma, y de apellido Etílico. Desearía volver a verla algún día, quizá antes de morir.
P.D.: Besa a la muerte de mi parte.
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
!