Los hoyuelos,
y la piel de gallina,
y tu risa contagiando a la mía;
y tus besos.
Y el revoloteo de golondrinas
en sus bancos vergonzosos,
y Andrés Suárez rogando
que vuelva a la puesta de sol de Galicia.
Y los años, los años pasados,
y tu enfado y mi ignorancia.
Y la tensión sexual
y el olor a perfumes mezclados con la piel.
Poemas cantados en mi oído,
mordiscos que quedarán guardados
y caricias mutiladas

Bajo el álamo nacieron margaritas
ResponderEliminarimpulsadas por sus ramas hacia el cielo.
Mas por infortunio nacieron ellas con la incertidumbre
de si cruzar el Aquerón en su barca de blanca madera
o dejar vivir al pobre árbol, encerrado siempre en una pérdida,
al que quizá algún pobre loco acabe convirtiendo en su personal higuera.